El fomento de la literatura mediante Instagram

Instagram en tanto que herramienta de marketing de influencia

El Estudio anual de las redes sociales del año pasado no hace más que reafirmar algo que ya sospechábamos: Instagram ha venido para quedarse. En casi todos los ámbitos reflejados en dicho estudio mantiene o incluso mejora sus cifras previas. Pero, ¿de qué nos sorprendemos? Ya los datos de Alexa nos revelan que, en España, esta red social es el catorceavo sitio web más buscado. ¡El catorceavo! Huelga decir que lograr esto en un entorno tan competitivo y vasto como es Internet no es moco de pavo. Menos todavía teniendo en cuenta que hablamos de una plataforma tan joven.

El caso es que Instagram es el coto adecuado para desarrollar campañas de marketing de influencia. En el ámbito de la literatura, se me ocurren dos frentes troncales que se podrían explorar con iniciativas de este tipo: el fomento de la industria y el de la lectura.

Las editoriales ya han dado el primer paso. Es decir: el fomento de la industria (y que quede claro, aquí no voy a entrar en juicios de valor de ningún tipo), ya está cubierta. Ahora les queda hacer lo propio a otro tipo de instituciones, más volcadas en el fomento de la lectura, como las escuelas o las bibliotecas. O hacerlo bien, porque pese a que algunas lo están intentando, no les acaba de salir bien la cosa. Menos mal que no todo depende de las instituciones, que también hay otros agentes involucrados en este asunto… Me refiero, por supuesto, a los influencers literarios. 

El fomento de la industria mediante Instagram

Como adelantaba hace un momento, el fomento de la industria ya está cubierto. Y no sólo gracias a la propia industria editorial. Si bien es cierto que ha sido espabilada y desde hace unos años colabora con influencers literarios, las campañas de comunicación de este tipo empiezan a perder credibilidad, según alerta el estudio Top tendencias digitales 2017

Los influencers literarios, incluso los que no están respaldados por la industria editorial, también contribuyen a que ésta última vaya a mejor. Y por ir a mejor no me refiero únicamente en términos económicos, a que sea rentable. Muchos operan desde un espacio de honestidad y desinterés completamente transparente; sólo son, ante todo, lectores que aman a la literatura. Ninguna editorial les ha mandado un ejemplar para que hagan una reseña, o les han contratado para hacerles publicidad en sus redes. Difunden y valoran lo que creen que es bueno, y punto. Eso, por inercia, moldea a una industria editorial, que debe complacer las demandas de estos lectores, más exigentes que la media. 

Instastory de la cuenta de Instagram de la revista literaria @granite_rainbowMiremos, por ejemplo, a @sra_bibliotecaria. Según anuncia orgullosame en la cabecera de su blog, es la creadora de los términos capitalismo literario y capitalismo poético. Ambos conceptos han sido difundidos mediante su cuenta de Instagram, y han redundado en una comunidad que da la espalda a cualquier producto literario con tufillo mercantilista. Otros influencers, como @josecarlosrodrigobreto o la revista literaria @granite_rainbow, se han apropiado de estos términos en distintas ocasiones. En el caso de Rodrigo Breto, lo hizo en un artículo donde despotricaba sobre el estado actual de la industria. En cuanto a Granite & Rainbow, lo usa en una de sus «instastories», fijada en la interfaz principal de su cuenta de Instagram. 

Así pues, visto lo visto, ahora mismo son los influencers literarios y sus comunidades aquéllos capaces de poner a flote a la industria, de fomentarla con total transparencia y credibilidad. En Instagram se han hecho un hueco nada desdeñable, y su repercusión no hace más que aumentar día tras día. Y ojalá siga siendo así por mucho tiempo.

Eso no quita, pero, que otras organizaciones desinteresadas, como las bibliotecas o las escuelas, deban incidir en ese sentido. Por ejemplo, difundiendo a editoriales, sean grandes firmas o no, que cuidan hasta el último detalle de sus publicaciones. O apostando por literatura atrevida, que no sea condescendiente con el lector. Al fin y al cabo, las editoriales buscan beneficios. Ese puede no ser su único objetivo, por supuesto, pero es obvio que es una de sus prioridades. Por su parte, las escuelas o las bibliotecas tendrían una flexibilidad distinta, igual que los influencers literarios. En vez de perseguir un beneficio, buscarían fomentar la calidad. Y aunque delimitar el concepto de calidad en exceso es peligroso, pues, a mi juicio, nadie debe arrogarse esa autoridad (y menos todavía organizaciones de esta influencia social), no les iría nada mal replantearse cuatro cosillas.  

El fomento de la lectura mediante Instagram

Del mismo modo que con el fomento de la industria, el fomento de la lectura de Instagram se debe, básicamente, a los esfuerzos y logros de los influencers literarios. Las instituciones, como las bibliotecas, también logran campañas bastante exitosas que van en esa dirección. Difunden «hastags» de relativo éxito, como  aquéllos vinculados con el reto del Velocirepte, y recomiendan libros. No obstante, adolecen de la que, al menos para mí, es la manera más efectiva de fomentar la lectura: la prescripción.

La prescripción está hecha desde una relativa autoridad; demuestra un firme conocimiento en la materia que aborda, y por ello, es más creíble que una recomendación. En Instagram, hacer prescripción no es precisamente fácil. La plataforma es un escaparate visual, no un espacio como la blogosfera, donde explayarse o debatir de forma cómoda. Youtube sería más apto para eso que Instagram, por ejemplo. No obstante, los influencers literarios (los que hacen prescripción, digo, no esos que se limitan a recomendar) compaginan su actividad en Instagram con otros sitios web. Ya hemos visto a la @sra_bibliotecaria o a @granite_rainbow, que tienen un blog. O a @josecarlosrodrigobrieto, que publica para ACHTUNG! Eso significa que no demuestran sus capacidades para la prescripción sólo en Instagram (que, repito, no es el sitio que ponga más facilidades para ello), si no que también acarrean a sus espaldas otro bagaje. Bagaje que, repito, les hace poseedores de una autoridad como prescriptores, tan imprescindiblepara el fomento de la lectura; sobre todo, la de calidad.

A continuación os dejo una captura de la cuenta secundaria de @josecarlosrodrigobrieto, @literatura_instantanea, en la cual nos granjea mini-reseñas de un minuto de libros o temas vinculados con la literatura. La constancia de este Papá Noel de rostro amable es envidiable, y claramente hace más por la literatura (o así lo veo yo) que un influencer que cuelga fotos bonitas y suelta cualquier valoración simplona de la novela de turno.

@literatura_instantanea (José Carlos Rodrigo Breto), cuenta de Instagram de fomento de la lectura

Conclusiones

En definitiva, pues, decir que en Instagram hay una comunidad bastante activa en lo que respecta al fomento de la industria y la lectura. Es decir: es una herramienta adecuada para fomentar la literatura. Bookstagram no es perfecto, y menos todavía si no eres muy selectivo con las cuentas que sigues. Si acaso, tiene, para el que os suscribe, una valoración global más positiva que Booktube, aunque mucho menos potencial. Pero eso es un tema para otra entrada.